miércoles, 19 de agosto de 2009

La Casa de los Títeres

¡Imagina. . .crea. . .educa. . . y harás al mundo feliz! Bien pudo haber sido este el mandato divino recibido por los fundadores de ““La Casa de los Títeres””, dedicados desde hace ya 15 años a tan extraordinario arte. Se sitúa en el centro de la ciudad de Monterrey, N. L, sobre la calle Padre Raymundo Jardón número 910. En ella se ofrece a propios y a extraños, a grandes y a chicos un espectáculo ciertamente mágico, místico, artístico y entretenido, pero sobretodo educativo.


“La Casa de los Títeres” ocupa una vieja casona precisamente en el barrio antiguo de la ciudad, sobre una estrecha calle, visitada por curiosos del arte y de las antigüedades. En ella es posible imaginar, crear, aprender, jugar, viajar a extraños lugares, conocer personas interesantes, desde luego cantar y bailar también.


Desde el arribo al lugar se percibe un aroma especial. . .en la entrada el simple olor a viejo te invita, te transporta en directo y sin escalas a otro mundo.

Atrapada por la ilusión, entusiasmada por descubrir para mi pequeña de 6 años ese “otro mundo”, el pasado domingo a las 4:30 de la tarde, juntas apresuramos el paso para integrarnos al grupo que guiaba en esa ocasión la coordinadora de “La Casa de los Títeres”, Angélica Coronado, quien sugiriendo calma y sigilo se encargaba de presentar al público a los anfitriones: la imaginación y la creatividad.

En un área bastante reducida, empequeñecida ante un grupo de aproximadamente 40 personas, cuatro pequeñas salas en el museo abrazan la historia, el arte y la cultura entre magia y misterio, sin embargo, mientras suceden imágenes milenarias, la atención del espectador se encapsula, ignorando tiempo y espacio e inclusive cualquier incomodidad.
De forma inaudita, en esas salitas se exhiben temporalmente más de setecientos muñecos fabricados con todo tipo de materiales, inclusive l de re-uso; se muestran diferentes épocas, distintos lugares del mundo y variadas técnicas de manipulación. En ellas se guía al público a través de la milenaria historia de títeres refiriéndola simultánea al origen del hombre e identificando sus distintos usos.


Algunos tienen nombres graciosos como “Pisinguina Orejona Quijada de Burro”, el títere más pequeño de la exhibición; otros, también interesantes como “Orlando” imponente soldado en la lucha entre moros y cristianos.

Aparecen títeres acuáticos, de singular atractivo, por la destreza requerida para su manejo y por su origen, creados por vietnamitas para espantar a los pájaros de sus cultivos de arroz.
No podía faltar el origen del teatro guiñol, sorprendiendo a muchos que “Guiñol” ni fue técnica, ni fue material, ni un tipo de teatro, sino el nombre de un títere francés de guante, cuyo nombre se adoptó para identificar ese tipo de representaciones.

Los tipos de manipulación fueron claramente explicados; de manera ilustrativa, con la participación de uno de los asistentes quien aceptó ser “manipulado”, actuó como títere mientras la guía tomaba su cabeza y sus manos moviéndolo armónicamente para figurar un muñeco gigante, explicando así una de las técnicas empleadas, llamada Bunraku.

En una segunda sala, los muñecos muestran en detalle las creaciones artísticas mexicanas, expuestas para deleite de visitantes y quizás para orgullo de los regiomontanos. Entre dos salas se encuentra un estrecho y corto pasillo adecuado también como sala, en donde se reflejan títeres de sombra, interesantes como todo lo demás.

La sala de reciclaje luce divertidísima; muñecos fabricados de materiales inimaginables: viejos trapeadores, regaderas, molinetes, coladores, maletas, en fin, hasta calcetines y medias rotas. Es de destacarse en este espacio como con tanta naturalidad se va inculcando en las personas la disciplina del reciclaje, método de consecuencias ecológicas trascendentales y por tanto importantes en el desarrollo del ser humano.

De manera sorprendente y sin querer queriendo, los chiquitines interactuaban con la guía espontáneamente, sin inhibición alguna, interesados en el arte, en la destreza, en la gracia, en el misterio de aquellos muñecos hasta entonces inanimados.
Luego, una escalera metálica en el patio central nos llevó al Teatro, un auditorio rectangular con bancas de madera alargadas, con un cupo aproximado de 60 a 70 personas.
Como herramienta didáctica muy singular, la lección abarcaba ahora el tema de valores que igualmente se inculcan en el Teatro de los títeres; valores como el respeto y la cooperación integrando una cultura que deberíamos asimilar desde pequeños.

Más tarde, muñecos de trapo, hilos, varillas, según se trate, cobran vida y humanizan el mundo fantástico en el que ya nos encontrábamos en punto de las 5:00 de la tarde.
Asi, de un momento a otro y sin notarlo, olvidamos los simples muñecos, para enfrentarnos a personajes humanizados, representando situaciones cotidianas, inquietudes propias de hombres, mujeres y niños; sus temores nos asustan, su algarabía nos contagia.
En esa forma humanizada, los títeres logran transmitirnos sensaciones, pensamientos y conocimientos de manera sutil; prácticos para el aprendizaje o quizás para la reflexión, mínimo para simple distracción o entretenimiento, lo que vuelve asombrosa su utilidad didáctica; con ella los títeres en su mundo fantástico procuran al individuo elementos académicos, sean científicos, quizás históricos o tal vez literarios, todos relevantes.

En esta ocasión, el tema de la función teatral fue la astronomía: los planetas, los astros, los movimientos de rotación y de traslación, la actualización en la investigación científica, etc. El título de la obra fue “Odisea en el espacio sideral”. Manejado durante aproximadamente 50 minutos, por graciosos muñecos, con fluidez y simpatía; entre risas y carcajadas de grandes y de pequeños, sin siquiera percibirlo recibieron y seguramente impregnarlo en su inconsciente información proporcionada.

Además de la utilidad didáctica, existe la formativa, derivada de la pretensión de los fundadores de “La Casa de los Títeres” de acercar a los niños también a la literatura clásica y de procurar en los adultos además de momentos de esparcimiento, dignas oportunidades para reflexionar sobre el acontecer social y político.

Para cerrar con broche de oro, el taller de manipulación en el que participó el público asistente, les permitiéndoles ocupar por breves momentos el lugar del titiritero, sin el cual la fantasía, la diversión, el aprendizaje a través de títeres, no habría sido posible.
Lo expuesto nos permite comprender la afirmación de José Martí, en el sentido de que los títeres sirven para lo mismo que la pintura, la música, la escultura, la danza: para ejecutar el verbo humanar. Qué quiso decir? Humanar significa hacer a uno humano, familiar y afable, que falta nos hace en estos tiempos de crisis principalmente de valores, los que debemos rescatar urgentemente, antes de que nos consolidemos como títeres sin voluntad, insensibles, inhumanos. Alimentemos pues el alma, el espíritu y el intelecto, el nuestro y el de de nuestros hijos, procurando dignificarnos como personas y como sociedad.
Una buena oportunidad para lograrlo la brinda “La Casa de los Títeres” a través de sus exposiciones temporales de Lunes a Viernes de 9:00 A.M. a 1:00 P.M. y de 2:00 P.M. a 6:00 P.M., con un costo para el museo de $30.00 pesos. La función teatral se realiza todos los domingos a las 5 de la tarde, entrada general 50 pesos.
Una lección histórica, cultural, artística, ecológica, ética, a veces científica, a veces literaria, ¡por $50.00 pesos, bien vale la pena!
Por Adriana del Carmen García Treviño

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