martes, 18 de agosto de 2009

La Cultura en el Deporte

Existen dos vertientes en las que el deporte es interpretado por la sociedad como oportunidad que ofrece como un espacio de cultura, como una actividad complementaria y conveniente en la formación de las personas.

La primer vertiente es en la que los individuos a través del deporte, logran desarrollarse física y psicológicamente; lo que favorece al desarrollo social. En la medida en que las personas ocupan su espacio de ocio en una actividad que le ayuda a su desarrollo, el objetivo de la política cultural se ve cumplido. Esta vertiente es también una aliada del gobierno para impulsar a los jóvenes a dejar vicios y fomentar una vida sana.

La segunda vertiente, es la que la sociedad ha transformado como un espectáculo. La vinculación es pasiva, contempla el deporte que otros realizan como un espectáculo, un entretenimiento para llenar el espacio.

Debo decir que en cuanto a mi desarrollo físico y psicológico, el único deporte que practico es ir al gimnasio al menos tres veces por semana. Esto me hace formar parte de la segunda vertiente, y aunque no soy fiel seguidora de ningún deporte en particular; disfruto del béisbol, básquetbol, patinaje sobre hielo, hockey, fútbol americano y fútbol soccer, en ese orden.

El béisbol es uno de los deportes más completos para mi gusto. Para algunos es un deporte muy tedioso, ya que los juegos pueden llegar a durar cuatro o cinco horas. Sin embargo, para mí es un deporte maravilloso, especialmente si los ejecutores son profesionistas talentosos y para talento en el béisbol, gracias al apoyo del gobierno, la estructura mejor fundada es la de Estados Unidos de América. Dicho esto, quiero compartir mi experiencia en un juego de grandes ligas, en el que tuvieron duelo los Dodgers de Los Angeles y los Bravos de Atlanta.

Realicé un viaje con mi familia a la ciudad de Los Angeles, CA con el objetivo de ser parte de la euforia que se vive en un estadio de ligas mayores. La sede fue en el "Dodger Stadium". El día del partido, había fanáticos esperando desde las tres de la tarde, siendo que el partido inicia a las siete con diez. Esto lo supe, cuando fui a recoger los boletos el día del juego, con la anticipación necesaria.

A las seis de la tarde, ya los distintos lotes de estacionamiento estaban por llegar a su máxima capacidad. Antes de llegar a la entrada, se encontraban fans pidiendo boletos, no me acerqué para comprobar si estaban dispuestos a pagarlos o esperaban una obra caritativa.

Una vez adentro del estadio, se veía gente entusiasmada portando el jersey y la gorra de su equipo favorito. Había un movimiento impresionante, y aún así me sorprendió el orden en que se llevaba todo a cabo. Las tiendas de mercancía oficial estaban abarrotadas y yo hice mi contribución, adquiriendo una gorra oficial y una chamarra, la sorpresa fue que por la cantidad invertida me obsequiaron un oso con pelaje de la bandera de Estados Unidos y una pelota de béisbol con promoción del equipo de casa.

Nuevamente la organización y la puntualidad fueron motivo de sorpresa. A pesar que hicieron la presentación de la directiva, de los niños pertenecientes a la institución “Dodgers Kids”, el primer lanzamiento (realizado por la golfista Michelle Wie, que no alcanzó el guante del catcher) y el honor al himno nacional; el juego comenzó con el primer lanzamiento a las siete menos diez.

El juego fue un gran duelo de pitchers, ya que hasta la novena entrada la pizarra mostraba sólo cuatro batazos de hit y cero carreras por parte de ambos equipos. Hubo robo de base, choque de jugadores (primera base contra jardinero derecho), una gran cantidad de foules que codiciaban los fanáticos. Sin embargo, el espectáculo fue controlado por los pitchers, no permitiendo grandes jugadas o batazos de home run. Lo que hizo cumplir el sueño de todo aficionado: el extra inning. En la cual, el bateador designado Kelly Johnson entregó un home run con un hombre en base llevándolos al triunfo.


No puedo dejar de contar sobre la presentación del participante de “American Idol” Danny Noriega, que en la segunda parte de la séptima entrada, cantó “God Bless America”. Muy en el fondo de mi inconsciente se hizo una comparación con el equivalente del béisbol mexicano y rápidamente borré la evidencia mental, supliéndola con la emoción de estar ahí y de haber visitado la tierra de “Mannywood”. El hábitat del jardinero izquierdo de los Dodgers Manny Ramírez, de quien esperaba alguna hazaña beisbolística. Deberé conformarme con haber visto al actor Tom Hanks, de lejos disfrutando del partido en un palco privado.


Al término del partido, los fans seguían comprando mercancía para el juego del siguiente día, aún habiendo sufrido la derrota de la noche. Me impresioné con la gran afición que le profesan a los Dodgers.

Conseguir taxi fue una gran odisea, que tomó una hora aproximadamente. En suma, la experiencia personal ha sido increíble, ya que además del espectáculo deportivo, pude vivir la emoción de los fans locales, inmersa en su cultura deportiva. Pero lo más importante fue la alegría que brillaba en los ojos de mis padres con quien compartí esta inolvidable aventura, la cual deseo repetir en un futuro próximo.

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