La vida en verde
Puedo asegurarles que no ha n sido pocas las veces en que hemos escuchado, leído o inclusive nosotros mismos hemos aplicado colores a la vida misma, colores que van desde el rosa, hasta el gris o negro, según las experiencias vividas , los triunfos y los fracasos, las penas o las alegrías.
Existe además, identificable totalmente con la existencia de todo ser viviente, un color natural, neutro, es decir, independiente de los avatares que continuamente nos afligen; me refiero al color verde, sinónimo de naturaleza, de vida; hasta el aire se tiñe de verde cuando respiramos aire puro, fresco.
Así, entre verdes de tonos extraordinariamente diversos, hace algunas semanas nos fuimos mezclando un grupo de amigos, confirmando maravillados y sin dejar de asombrarnos, el efecto que el contacto con la naturaleza causa en todos los entes vivos, particularmente en los humanos.
Tal contacto se traduce en una convergencia de sentidos: el ojo observa su colorido esplendoroso; el olfato percibe los aromas que lleva y trae el viento; el oído alerta escucha el mecer de las hojas, traspasadas por el viento travieso; el oído escucha también el sonido de los pájaros de distintas especies, de los indiscretos insectos, hasta el crujir de las ramas, obligado a veces por los saltos de las ardillas; las manos finalmente alcanzan un tronco, una hoja, hasta el viento que baila entre los dedos y finalmente cuerpo, alma y espíritu se renuevan.
Mi anterior descripción contiene una fotografía tomada durante un domingo “familiar”, en el Parque Ecológico Chipinque, cuya característica principal es su típico hábitat de montaña norestense, rico en biodiversidad. Se ubica sobre la Sierra Madre, cuenta con un área total de 1 625 ha, de las cuales sólo 300 se encuentran abiertas al público en general. Su diversidad biológica en esta zona de la Sierra Madre es muy rica, en parte por la gran variación altitudinal del área, que va desde los 800 a los 2 200 metros sobre el nivel del mar.
La misión del Parque es proteger flora y fauna silvestres, y garantizar la conservación de los recursos naturales por medio de procesos adecuados que promuevan una cultura de respeto y aprecio por los aspectos físicos y naturales.
Puede observarse la ejecución de sus objetivos desde la entrada y hasta la meseta, por un camino sinuoso completamente pavimentado que mide siete kilómetros. Paralelamente existen brechas apropiadamente señalizadas, unas más largas que otras, pero que suman hasta 36 kilómetros de veredas; algunas más difíciles de atravesar que otras, las cuales son aprovechadas por ciclistas de montaña o excursionistas en busca de lograr retos o que participan en competencias, también por aventureros extremos en busca de mayores emociones.
Todo el trayecto resulta disfrutable, desde la calidad del aire que se respira, hasta las bondades naturales que ya he descrito, ello aunado a los atractivos letreros y tableros de madera mediante los cuales se transmiten mensajes ecológicos con información relativa. Al mismo tiempo, se ofrecen atractivas vistas de la ciudad, del majestuoso Cerro de la Silla, del Cerro del Mirador, el de las Mitras, y de los otros puntos de referencia interesantes.
Por el camino, en sus orillas, espaciados a cierta distancia, se encuentran ubicas bandas y miradores, en los que los amigos o las familias se reúnen, ya para descansar, ya para admirar el paisaje
En cuanto a la biodiversidad, según el guardabosques al que entrevisté, me informó que han llegado a reportarse hasta cien especies de aves, tales como carpinteros, halcones, tecolotes, colibríes, jilgueros, etcétera.
Las especies de mamíferos que se pueden encontrar son alrededor de treinta, tales como: coatí, cacomixtle, zorra gris, coyote, ardilla, zorrillo, varias especies de murciélagos, y hasta ocasionalmente oso negro y jaguar.
También nos informo que existen habitan el áre algunas especies de anfibios y reptiles, como sapos ladradores, lagartijas espinosas, falsos escorpiones, esquincos, coralillo y falsa coralillo, víbora de cascabel de las rocas, ratoneras, etcétera.
Las mariposas monarca también atraviesan el parque al migrar al sur durante el mes de octubre de cada año.
En cuanto a la vegetación, las más importante son el bosque de pino y el de encino. En las partes más bajas, la vegetación dominante es el matorral submontano representado por diversas especies consideradas como fuente importante de recursos naturales en el árido norte.
Las flores silvestres son uno de los mayores atractivos. Con la excepción de los meses de invierno, la diversidad de flores es fabulosa en color y forma.
Con todo lo anterior, el lugar se torna mágico, además tan emocionante que permite a grandes y a pequeños, sentirnos vivos principalmente, parte de este planeta único llamado Tierra.
En ese lugar mágico nos encontramos con un grupo de amigos, con la única intención de convivir un rato, sin imaginar la maravillosa experiencia que abríamos de vivir aquella tarde otoñal. Llegamos directo al área de la meseta, en donde hay mesas y bancas de madera frente a un área de juegos infantiles también de madera, entre ellos, columpios, pasamanos, fuertes, puentes colgantes, etc., que motivaron automáticamente la algarabía de los niños y la emoción más grande, al encontrar un poco más arriba un gran resbaladero de concreto pulido que fue la sensación del día para todos, mientras descendíamos velozmente una y otra vez, al tiempo que disfrutábamos también del choque de nuestros rostros con el viento saboreando deliciosas bocanadas de aire puro.

Tal como se imaginan, la diversión y la alegría estuvieron presentes en todo momento.
Al mismo tiempo, aquel panorama nos ha invitado a una permanente reflexión, ante un lugar tan especial, que nos invita de por sí, a armonizar con la naturaleza, a respetar el medio ambiente y a todas y cada una de las especies que lo conforman.
No hemos podido evitar lamentar el hecho de desaprovechar estos espacio, no obstante que los tenemos tan cerca, puesto que hemos ido dejando a un lado nuestra esencia, involucrándonos en un estilo de vida y un ritmo caóticos. Prisas, ruidos, compromisos, que nos hacen ignorar nuestra composición natural; somos cuerpo y alma y ambos piden a gritos el aire puro que necesitamos y el embeleso que proporcionan a nuestra alma el bosque, las montañas, sus habitantes.
De regreso a la ciudad, hemos ganado revitalizar el cuerpo y el espíritu y con ánimos renovados iniciaremos mañana un nuevo día, con el motivante verdor de la vida.