
Cualquier conductor del área metropolitana de Monterrey, sabrá comprender cada una de las expresiones que utilizaré en esta ocasión
Me parece sorprendente, es más, milagroso, regresar a casa cada noche después de “lidiar” el día entero no solo con el tráfico de la ciudad de Monterrey y su área metropolitana, sino con cada uno de los conductores de todo tipo que circulan por esta gran ciudad.
Seguramente les habrá pasado:
Primero el “caos” para salir de casa. Nadie, nadie, ni jóvenes ni viejos, ni carros grandes ni pequeños, ni nuevos ni muy pero muy usados, tienen tiempo, mucho menos interés, en permitir que un auto salga de una cochera; al paso que vamos nos hará falta instalar un semáforo en cada cochera de cada vivienda. (buena sugerencia para nuestros queridos constructores, que tampoco cantan mal las rancheras, pero eso es harina de otro costal).
Luego, introducirte en la avenida, me refiero en carriles principales, junto a los autos ya congestionados para antes de las ocho de la mañana, todos prácticamente estacionados ante el número impresionante de vehículos que circulan ya por el área, y entre cuyos conductores difícilmente logramos encontrar alguno que tenga a bien “perder” “un segundo” de su tiempo para permitirnos pasar.
Como aderezo a tan sublime mañana, los semáforos, que si bien es cierto puede que estén sincronizados, quiero suponer que al hacerlo no han tomado en cuenta las “horas pico”, es decir, las horas en que por lógica TODOS, bueno la gran mayoría, salimos de determinada colonia o zona y las horas en las que TODOS, es decir, la gran mayoría regresamos a nuestros barrios, para hacer por lo menos un poquito más fluida la circulación.
Considero que, por lo menos esos tres aspectos resultan comunes o generales a cualquier sector de la ciudad, puesto que de todos los puntos cardinales, la convergencia naturales e inevitable se vuelve hacia el centro de la ciudad; trayecto que se vuelve rutinario, ya que se realiza todos los días de la semana en cualquier época del año.
Con independencia de dichos factores, que no los justifico en manera alguna, es sorprendente y desesperante como, tan solo el día de hoy, en un simple trayecto de menos de un kilómetro, topemos en el transcurso con acciones no solo inconscientes, ni infantiles, ni groseras ni mal educadas, sino casi criminales:
a) En cualquier instante “cualquiera” te cierra el paso; la obligación legal de guardar distancia siempre se ignora, algunos ignorantes creen que el espacio que algunos educados y respetuosos conductores dejan al conducir, lo hacen para que esos “cualquieras” se metan
repentinamente en tu camino. ¡Pobre de ti que no alcances a frenar y los choques! Te dicen hasta de qué te vas a morir, como me toco ver a un abusivo taxista que se bajo dando de gritos a un señor mayor que conducía decentemente, quiero decir, sin exceder límites de velocidad y respetando distancia respecto del vehículo más próximo.
b) Desde luego que muchos, más bien muchísimos conductores no tienen ni la mínima idea para que se hicieron las direccionales, supongo creen que solo con esas “lucecitas” se ven más bonitos sus carritos.
Tan solo hoy, en la primera cuadra, un conductor, sin “sacar siquiera la lengua” como se dice vulgarmente, cuando iba manejando mi vehículo casi al lado suyo, sale intempestivamente de su carril provocándome frenara de inmediato y detrás de mí solo alcancé a ver por el retrovisor como el auto inmediato siguiente casi se estampa con el mío y más atrás solo rechinidos de llantas.
Más delante, al pretender cambiar de carril, otro conductor que venían detrás de mí a cierta distancia y a cierta velocidad, al momento que accioné la direccional, aceleró para no dejarte salir de mi carril, no obstante la señal que le hice.
c) Por si eso fuera poco, ya por la tarde, apurada como muchos, topo con un automovilista frenado en plena avenida con semáforo en verde, yo apurada como dije, se me ocurre accionar el claxon y cuál sería mi sorpresa que el tipo empieza a perseguirme (con esposa e hijo) y darme de cerrones por la avenida; cuando coincidimos en el semáforo, desde su coche empieza a darme de gritos reclamándome qué por qué le había “pitado”, yo educadamente le contesté que lo había hecho porque el semáforo estaba en verde y él estaba obstruyendo la circulación, cambió el semáforo y avanzamos y el hombre siguió persiguiéndome hasta que en otro semáforo le da un cerrón a mi vehículo y se baja, seme acerca alzando frente a mi su muleta con el claro afán de golpearme, frente a la mirada expectante y asi de inmóvil de un agente de tránsito que aquél hombre fuera de sí, no había visto. Cuando lo vio, simplemente dio media vuelta, volvió a subirse a su auto y arrancó.
¿Qué he hecho y que debo hacer para sortear diariamente esas y otras complicaciones?
Esta pregunta me la he formulado muy frecuentemente, y sobre todo hoy, que más que otros días observo entre los conductores las prisas, aceleraciones, imprudencias, arrogancias, prepotencias, faltas de educación, faltas de respeto y para colmo de males hasta instintos criminales.
Todo ello me ha hecho pensar acerca de sus causas, las que he encontrado en distintos factores, unos demasiado lógicos por el crecimiento agigantado de nuestra población.
En la misma medida el parque vehicular se ha incrementado, con una diversidad extraordinaria; podemos encontrar tanto vehículos de cualquier marca, modelo, tamaño, color, como conductores de todo tipo, de cualquier estrato social, de cualquier edad, profesión u oficio.
Los vehículos como he dicho, los encontramos de todas marcas, de todos colores, tamaños y formas, todos ellos con el común denominador relativo al aspecto mecánico, que permite su operación natural, gracias a Henry Ford, estadounidense fundador de la compañía de automóviles Ford y padre del modelo de producción en serie. Sin embargo, su conducción no resulta de un acto simplemente mecánico, sino que amerita un acto consciente que frecuentemente olvidamos, con mayor razones aquellos acostumbrados a manejar vehículos automáticos que pretendemos avancen de por sí.
También los conductores a pesar de su diversidad, cultura, social, económica, etnográfica, etc., debieran tener un común denominador, me refiero a su conciencia frente al volante; como dijimos el aspecto mecánico se encuentra cubierto prácticamente, sin embargo el aspecto de conciencia parece ausente con mucha frecuencia.
A mi reflexión permanente, respondo en automático: necesitamos “cultivarnos” en cuestión de vialidad. Eso es indiscutible.
Es cierto que conductor puede ser “cualquiera”, mientras pueda girar una llave y con ello echar a andar un motor; sin embargo, ¿qué sigue después de poner en marcha el motor?
Lo más importante, y no después sino antes de encender el vehículo, de hecho antes de pretender poseer y disponer de un vehículo, es necesario conocer y luego seguir reglas, no solo legales, sino también urbanas, cívicas, morales quizás; todas aquellas inclusive lógicas que nos permitan resolver esas complicaciones sin que los seres humanos nos dañemos ni de obra ni de palabra, como hemos estilado a hacerlo, últimamente con mayor énfasis.
Es sorprendente como la mayoría de los conductores sobre todo los adolescentes iniciamos sin siquiera saber que existe un reglamento de tránsito.
Luego, es importante, indispensable, que conocido el aspecto legal relativo, pongamos en práctica valores cívicos y morales de primordial importancia como son la educación, la tolerancia, el respeto y el amor al próximo.
No debemos olvidar que gran parte de la carga vehicular la forman los taxis y los camiones urbanos, ellos han contribuido en buena medida a la saturación del tráfico pero sobre todo a los abusos y faltas de los conductores, por ello es muy frecuente encontrarlos como protagonistas de accidentes. Al respecto, es muy importante que las autoridades del transporte sean realmente exigentes y transportes en cuanto a permisos y licencias, a fin de evitar armar de esta forma a personas no aptas, en contra de la ciudadanía.

Comprendo que tal pretensión se lea un tanto cuanto romántica, sin embargo, de no tomar en cuenta valores humanos tan elementales como los que menciono, nuestras calles terminarán convirtiéndose en campos de batalla, en donde mujeres, jóvenes inexpertos, adultos mayores, terminarán sucumbiendo ante el abuso de la fuerza y de la ignorancia.
Les invito pues a poner diariamente nuestro granito de arena, ser partícipes de esta cultura vial primero dando el ejemplo, luego motivando a nuestros familiares y amigos para que se solidaricen en esta causa; que recordemos que los valores existen, que no debemos olvidarlos.
Para empezar, les invito a conocer el Reglamento de Vialidad y Tránsito de Monterrey, accediendo a la página http://www.monterrey.gob.mx/reglamentos/index.html, es un buen comienzo.
¡Los valores son actitudes del querer del hombre, de la voluntad, iluminada por la inteligencia! (Anónimo)
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