lunes, 7 de septiembre de 2009

¡Arte en movimiento. . .desde el Viejo Continente!


Slovak State Ballet

¡Arte en movimiento. . .desde el Viejo Continente!

Parnassós, expresión musical, S.C., último concierto de primavera 2009, presenta Noche de Gala Ballet del Estado de Eslovaquia: “Tristán e Isolda” ópera de Wagner; “Bolero”, ballet de Maurice Ravel; “El Lago de los Cisnes”, ballet de P. I. Tchaikovsky. Director Artístico Ondrej Soth. Auditorio San Pedro, San Pedro Garza García, N. L., 1 de septiembre de 2009, 20:30 horas.



Desde dónde?. . .Sí, desde la ciudad de Kosice en Eslovaquia. Eslovaquia es una república del centro de Europa integrante de la Unión Europea, la cual limita al noroeste con la República Checa, al norte con Polonia, al este con Ucrania, al sur con Hungría y al suroeste con Austria. Tiene una población aproximada a los 5 millones de habitantes. Su capital es Bratislava con menos medio millar de habitantes.

Recordemos que una de las consecuencias del fin del comunismo en 1989 significó también el fin de Checoslovaquia como tal, creándose en consecuencia dos estados sucesores: Eslovaquia y la República Checa.

Košice es la segunda ciudad más grande de Eslovaquia. Está localizada en la parte Este del país, en el valle del río Hornád en el valle de Košice, rodeada por las montañas de Cierna Hora al norte y las montañas Volovské Vrchy al oeste. Sede de varias universidades y del Tribunal Institucional Eslovaco.

Pues bien, de ese lejano país, desde el otro lado del Atlántico, ha llegado a nuestras tierras la compañía de Teatro “Slovak State Ballet” iniciado en el Teatro Estatal de Kosice, para presentar este 1 de septiembre de 2009 ante público regio su Gala de Ballet, después de comenzar su gira por México en el Teatro Ocampo del Estado de Morelos, en función a beneficio de la Fundación de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), con apoyo de la Cruz Roja y de la Alianza Francesa de Cuernavaca.

Fue el turno hoy para los vecinos del área metropolitana de Monterrey, quienes se deleitaron con tres piezas de su repertorio, todas ellas esplendorosas: “Tristán e Isolda”, ópera de Wagner; “Bolero”, ballet de Maurice Ravel; “El Lago de los Cisnes”, ballet de Tchaikovsky.

En mi asiento, con el programa en mano, callada y expectante, ocho minutos después de la hora anunciada por fin se escucha decir: “Se solicita al respetable público programar sus teléfonos celulares en función silenciosa. Tercera llamada. ¡Comenzamos!”



Y se levanta el telón, al tiempo que la música de Wagner comienza a escucharse juntamente con los tambores kodo, que avivan el momento imprimiendo dinamismo a la acción representada.

Bajo la dirección de Ondroj Soth, reconocido director artístico y coreógrafo de un talento inagotable, 25 bailarines hicieron alarde de su extraordinario talento.


En primer término, representaron la historia de “Tristán e Isolda”, teniendo por escenario un agitado mar, proyectado sobre un telón en blanco al fondo; todos ataviados con originales vestuarios y ejecutando una coreografía que llevó de la mano al espectador para contarle la historia interpretada, involucrándolo con las pasiones de los personajes, dentro de un drama que tiene su origen en la época medieval y cuyo tema gira en torno al racismo y a la xenofobia, actitudes humanas que impiden la felicidad de una pareja cuyo sufrimiento termina en una muerte trágica.

La historia de principio a fin fue desarrollada a través de una ejecución dancística de una armonía y una sincronización magníficas; además, las escenas de acción definían claramente la trama, la intensidad en la danza surgió de manera oportuna y el público pudo admirar también ejercicios individuales destacables.
Maksym Sklyar en “Tristán e Isolda” del Slovak State Ballet

Sin importar la época en que surgió esa tragedia, el Ballet del Estado de Eslovaquia lo adapta a la contemporaneidad para demostrarnos que el alma del hombre moderno permanece en su estado bárbaro original, es decir, sigue sin evolucionar, cediendo a las mismas pasiones de la antigüedad a grado tal que han provocado sendos crímenes e inclusive hasta la destrucción de pueblos enteros.

En la segunda pieza, modificando el ritmo y la dinámica de aquellas representaciones, aunque con un movimiento muy moderado, se escucha el “Bolero” de Ravel, inspirado como sabemos, por una danza española y que se caracteriza por la uniformidad del ritmo marcado por el tambor y el tempo, siempre invariables por instrucciones precisas de su creador.

Simultáneamente aparece en el centro del escenario un bailarín solitario cambiando la estructura original, puesto que fue escrita para una mujer, sin embargo, de nuevo en el afán de Soth de contextualizar aquellas obras clásicas, proyecta con movimientos igualmente cadenciosos y seductores ahora un cuerpo masculino, que finaliza igualmente asediad, más bien aplastado por mujeres en su mayoría.

Cabe recordar que en la versión original, el ambiente gira en torno a un bar en el cual es una gitana la que baila sobre el tablao con desbordante sexualidad, buscando y finalmente logrando la excitación de los parroquianos.


De nuevo en esta pieza se advierte la contextualización que realiza Ondrej Soth proyectando al hombre moderno, ahora claramente a la mujer moderna, a quien desafortunadamente la proyecta asechadora, meramente instintiva, alejada del candor y del pudor que en otros tiempos caracterizaron la figura femenina.

Y para cerrar con broche de oro, la noche de gala llegó a su final con la interpretación de uno de las obras más representativas del ballet clásico, “El Lago de los Cisnes”.

“El Lago de los cisnes”, ballet de Tchaikovsky.

Una historia de amor que a través de imágenes enmarcadas por una música celestial, nos transporta a un mundo de magia y fantasía, con la esperanza de que el bien siga triunfando sobre el mal, sea en la tierra o más allá.

Engalanó aquella representación, la ejecución precisa de los bailarines, aunado a la armonía y el estilo de todos y cada uno de sus movimientos, sobresaliente sin duda en el clásico “Lago de los Cisnes”, como era de esperarse. Encubierto en una melodía que en sus variaciones modifica inclusive el ánimo del espectador, puesto que sus notas contagian todo tipo de sentimientos, sea el temor, la codicia, el amor, la esperanza e inevitablemente la paz.


En cuanto al escenario, me pareció demasiado simple, únicamente apoyado en sencillos efectos visuales, por ejemplo proyectando el salón del palacio en el primero y segundo actos y al final simplemente agua sobre el mismo telón blanco, sin embargo ni siquiera eso opacó el embeleso que provoca el arte en todo su esplendor.


Dos horas repletas de arte han dejado en mi una emoción indescriptible, desde luego placentera y gratamente satisfactoria, lo que me hace confirmar la belleza del arte y el valor cultural del ballet clásico, el cual por una parte cultiva el intelecto del hombre al reunir en una sola ejecución historia, literatura, música y danza y por otro lado cultiva también el alma humana al contagiarle variedad de sentimientos y pasiones que afortunada o desafortunadamente en la vida real no nos permitimos personalmente experimentar.


Lo anterior, tomado de representaciones artísticas ejecutadas por tan extraordinarios bailarines, nos obliga a agradecer al Ser Supremo, el hecho de que el arte exista y que además nos permita disfrutarlo de tan grata manera.












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