martes, 1 de septiembre de 2009

Welcome to Tijuana!


Ya el día había empezado mal, pues para variar, llegué corriendo al aeropuerto minutos antes de que saliera mi vuelo, eso sin contar con la “desmañanada”, pues sólo había dormido un par de horas, el vuelo salía a las 6:40 am, ¡y me había acostado a las 2…! La señorita me dijo: -Córrale joven, apenas alcanzará a abordar gracias a que tenemos un retraso de diez minutos, ¡así que apresúrese…!- Me monté en el aparato con mi cartera, llaves, reloj, teléfonos y demás trebejos, apretados contra el pecho y el cinturón colgado del cuello, gracias a la inquisitiva revisión de objetos metálicos por el temor terrorista con el que vivimos. Respiré aliviado al estar en mi asiento, acomodé cada artículo en la parte correspondiente a mi vestimenta, abrí mi libro, y me quedé dormido… todo iba bien, hasta que la azafata me despertó para ver si gustaba una dona… ¿Qué le contestarían ustedes…?
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Depositado fui con maleta, libro y todo en el aeropuerto de Tijuana, renté un coche y me dispuse a seguir la recomendación de Antonio, gran amigo y excelente guía de casi cualquier cosa, -la vida incluso-, de ir a probar unos tacos de camarón enchilado en el quinto infierno… o en el punto mas septentrional de México, Tijuana –que es lo mismo-, pues en esta ciudad pueden darse el lujo de llamar “sureño” a cualquier otro punto del territorio nacional.


Tacos "El Mazateño"

El menú

Los parroquianos del "Mazateño"

Llegué a los susodichos tacos –“El Mazateño”-, con ayuda de Dios y del GPS, y al verlos prometían, pues el lugar estaba a reventar, me apersoné en la primera mesa que se desocupó, me recibieron de inmediato con un vasito tipo café de velorio, lleno de un caldito rojo y humeante que con el primer sorbo sentí que el alma me regresaba al cuerpo, y pedí la especialidad de la casa, el taco “mazateña” y ¡oh Dios! estaba exquisito, -un pelín grasoso- pero de un sabor increíble. Conformado por dos tortillas pasadas por aceite con algo de chile –por el color rojizo-, después llevaba queso derretido, y lo más importante, estaba cubierto de una buena cantidad camarones, al estilo llamado “camarón enchilado”, que es guisado en una salsa muy picante, pero tantos que el taco se desbordaba. Le añadí alguna cosa de los condimentos que estaban sobre la mesa, como limón, un poco de repollo y una salsa misteriosa y saboreé cada bocado, mientras me goteaba entre los dedos aceite y salsa.


¿A poco no se les antoja...?

El famoso caldito


La estrella de la casa, el taco de camarón enchilado "Mazateña"

Desde ese momento se colaron estos tacos en mi “Top 5”, los otros miembros de tal prestigiada selección, serán motivo de otro artículo. El siguiente que probé fue el “taco perrón”, -aclaro que para los habitantes del pueblo de la Tía Juana, perrón es el adjetivo que describe algo que es superior al resto de su especie-, dicho taco tenía además de camarón enchilado y queso, chicharrones de pargo, que es algo increíblemente rico, y le daba un sabor delicioso, lo que me hizo estar completamente de acuerdo con el que lo bautizó.


Este es el famoso taco "perrón"

El único problema es que después del segundo no pude más y ya no alcancé a probar la tostada especial, que se veía muy apetitosa y repleta de pulpo, caracol, camarón y demás delicias del mar. Pero claro, ésta será para la próxima; a reserva de lo que mi cardiólogo opine en mi próximo examen. Pero pensé: vale la pena lo maldormido, las carreras, la azafata y lo demás, ¡todo se arregla con un buen desayuno en esta norteña sucursal del cielo…!


La tostada especial que tristemente ya no pude probar... Será para la próxima.

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